Hay gente que dice que el pan es solo comida. No estoy de acuerdo. Si estás leyendo esto, probablemente tú tampoco. Desde NoePan, en Galicia, vemos el pan con otros ojos: es tradición que se come, sí, pero también es paciencia y tiempo. Vamos a lo que importa: crear tu propia masa madre. Nada se parece a ese aroma en la cocina cuando, después de horas, sale del horno una barra hecha con fermento vivo.
Aquí apostamos por fermentos naturales y harinas ecológicas. No es por capricho; es cuestión de sabor, de cómo se te sienta en el estómago y de cuánto aguanta el pan en la alacena. Sé que el tema da respeto. A muchos les asusta la idea de criar levaduras en casa. Olvídalo. Te lo voy a explicar claro, paso a paso, para que la primera vez salga bien.
¿Qué es exactamente la masa madre?
Antes de ensuciarnos las manos, conviene saber qué tenemos entre manos. La masa madre —o levain, si quieres sonar más técnico— es básicamente un ecosistema. Un cultivo de levaduras silvestres y bacterias lácticas que ya viven en el cereal y en el aire de tu casa. Mezclas harina con agua y, de repente, les das el sitio perfecto para multiplicarse.
No tiene nada que ver con la levadura seca de sobre, esa cepa industrial agresiva que hace subir el pan en un suspiro. La masa madre es lenta. Y gracias a esa lentitud, el pan gana ese toque ácido tan característico, una miga llena de alvéolos —agujeritos— y una corteza que cruje de verdad. Lo mejor es que la fermentación ácida hace el trabajo pesado por ti: rompe los glúcidos y relaja el gluten. El resultado es un pan que nutre más y no te sienta como una piedra en el estómago.
Cómo hacer masa madre: Ingredientes y materiales
Para ponerte manos a la obra, no necesitas un laboratorio. Menos es más en este oficio.
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- Un frasco de cristal: Mejor si es transparente y tiene la boca ancha, tipo bote de conservas, de medio litro o un litro. Necesitas ver qué pasa dentro.
- Una espátula de madera o silicona: Para remover todo bien.
- Báscula de cocina: No se puede ir a ojo de buen cubero. Aquí la precisión importa.
- Agua tibia: Ojo, que no tenga cloro. Si es del grifo, déjala reposar un día o usa mineral.
- Harina: Mi consejo es mezclar. Usa trigo integral (el salvado es donde vive la vida) y algo de harina de fuerza blanca.
El truco de NoePan: En la panadería somos puristas con las harinas ecológicas de aquí, de Galicia. Para empezar tu cultivo, te diría que busques harina integral ecológica. Al no llevar química, los microbios están mucho más activos; es como echarles gasolina.
El proceso: 7 días para crear vida
Hacer masa madre es una prueba de paciencia. Es como tener una mascota pequeña que no ladra, pero necesita comer todos los días. Aquí tienes el guion.
Día 1: La siembra
Coge el frasco limpio. Echa 50 gramos de harina integral y 50 gramos de agua tibia. Remueve hasta que desaparezcan los grumos. Busca una textura de papilla espesa, tipo crepe pesada. Tápalo, pero deja que respire (usa un trapo de algodón o una tapa con agujeros) y déjalo en un rincón cálido, entre 24ºC y 26ºC. La cocina suele ser el mejor sitio.
Día 2: Descanso observacional
Quizá veas alguna burbuja. Quizá no. No pasa nada, es lo normal. Hoy no toques nada. Solo mira.
Día 3: Primeras alimentaciones (Refresh)
Si todo va bien, notarás olor a fruta o a ácido y verás burbujas. ¡Eso es vida! Ya tenemos una colonia funcionando. Ahora toca darles de comer para que crezcan fuertes.
El proceso: Tira la mitad de la mezcla (te quedarán unos 50g). Añade 50g de harina (ya puedes mezclar integral y blanca a partes iguales) y otros 50g de agua. Remueve, tapa y olvídate hasta mañana.
Dato técnico: Mantener una hidratación del 100% (mismo peso de agua que de harina) es lo más fácil para empezar. Y ojo con la temperatura: si tu casa es fría, todo irá más despacio. No te impacientes.
Días 4, 5 y 6: Refuerzo diario
Lo mismo que el Día 3. Tiras la mitad, añades harina y agua a partes iguales. Verás cómo la masa cobra vida más rápido, con más burbujas. El olor irá cambiando a algo más ácido, parecido al yogur o a la levadura de cerveza. Ahí va tomando personalidad.
Día 7: ¡Tu masa madre está lista!
Si, al pasar unas 4 o 6 horas desde la comida, la masa ha doblado su tamaño, está llena de burbujas y huele bien, ya está. Enhorabuena. Ya tienes tu propia madre. A partir de aquí, si quieres, bautízala. Es tuya.
Mantenimiento: Mantener a tu «levadura» feliz
Ya la tienes viva. Ahora, ¿qué haces con ella? Si horneas a diario, déjala en la encimera y aliméntala cada día. Pero si (como la mayoría) horneas una vez a la semana, mejor ponerla a «dormir» en la nevera.
Método nevera: Aliméntala una vez más. Cuando esté en su punto más alto —que haya subido del todo—, cierra el frasco bien y mételo al frigorífico (unos 4°C). El frío frena casi todo la fermentación. El día antes de hornear, sácala, dale de nuevo de comer y déjala que se reactive a temperatura ambiente.
Señales de que algo va mal
A veces la vida se complica. Aquí tienes un pequeño diagnóstico por si algo no cuadra.
- Líquido en la superficie (Hooch): Verás una capa marrona o transparente. Es señal de que tiene hambre. Quítalo, alimenta la masa y acorta el tiempo entre comidas.
- Olor a acetona: Huele a quitaesmalte, ¿verdad? Es normal cuando está muy ácida o muy hambrienta. Con un par de alimentaciones seguidas se le pasa.
- Moho (verde o naranja): Aquí no hay arreglo. Si ves moho, lo siento, pero hay que tirar todo y empezar con un frasco nuevo. Limpio, bien limpio.
Preguntas Frecuentes
¿Tengo que tirar masa siempre?
Sí, es vital al principio para no tener un frasco gigante en tres días. Piensa que mantienes la proporción de microbios respecto a la comida. Y no te agobie: usa ese descarte para hacer tortitas o crepes. No se tira nada.
¿Puedo usar solo harina blanca?
Puedes, pero te costará más arrancar. La integral ayuda mucho al principio porque el salvado está lleno de nutrientes y microbios que echan una mano.
Conclusión
Lograr hacer tu propia masa madre es el principio de algo. Tienes entre manos un ingrediente vivo que va a cambiar tu forma de hornear y de entender el pan. Y es muy «tuyo»: tu clima, tus harinas, hasta el aire de tu casa le dan un carácter que nadie podrá copiar.
No te frustres si el primer pan sale perfecto… o si sale plano. Eso le pasa a todos. Es un oficio de paciencia. Ya tienes el fermento y, con buenas harinas ecológicas, estás listo para hacer pan con alma. ¡Nos vemos en el horno!
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